lunes, julio 23, 2007

Crónica: Norah Jones en Vitoria

Dicen algunas crónicas que no fue un gran concierto, pero a mí sí me lo pareció. Norah Jones actuó en Vitoria en el cierre del Festival de Jazz (que este año ha pasado sin pena ni gloria) y hacerlo en un marco así, ya se sabe. Para los puristas, Jones tiene poco jazz en sus teclas. Para los ‘snobs’, que en estas citas los hay, y muchos, el tirón comercial de la norteamericana ya es índice de su escaso atractivo musical. Y para el gran público, pues un gran concierto y una posibilidad casi única de asistir a una actuación así (una de sus dos únicas fechas en España) en una ciudad de provincias poco dada a alegrías musicales de este tipo.
Jones arrancó en jeans y camiseta como acompañante de su telonero, el ecléctico guitarrista M. Ward, un grato descubrimiento en su tarea de parecerse al Dylan pre-electrico. Problemas organizativos, en parte provocados por la propia compañía de la cantante, hicieron coincidir los primeros temas de Ward y Jones con el momento en el que el grueso del público trataba de localizar un asiento libre en el polideportivo, ya que incomprensiblemente no se habían numerado las entradas. Run run de fondo y dificultades para escuchar. Escasa atención, por tanto, a Ward, que tocó apenas 30 minutos.
Jones regresó al escenario puntual, a las diez, ya con vestido y tacones con los que era divertido verla marcar el ritmo. Abrió con la guitarra y Come away with me, pero enseguida buscó el piano. Simpática, esforzándose para saludar en euskera, enganchó las baladas sureñas que ha vendido por millones, con alguna versión de escaso interés (The Nearness of you) y los temas principales de sus álbumes. Cerró con Creepin’ in, Don't Know Why y The long way home, la versión de Tom Waits, que sigue siendo una delicia tanto en estudio como en directo. Todo dentro de lo previsible, pero todo a la perfección.
ABC | Espléndido fin de fiesta
El Mundo | Envalentonada
El País | Demasiado perfecta
El Correo | Una estrella que no deslumbró

5 comentarios:

LaCuentacuentos dijo...

Te acababa de comentar en la entrada anterior. A mí la Jones me gustó en su día y me cautivó con su primer disco. Mucho. Una y otra vez lo he escuchado. El segundo bueno, ya me dejó un poco más indiferente.
A mí parecer, y profundamente influenciada porque ahora escucho al gran Duke Ellington, creo que meter a la Norah en un festival de jazz me parece un poco cogido por los pelos. Y eso que la mujer me cae simpática. Nada que ver churras con merinas.
Saludos cordiales.
Amaia.
PD. Creo que me haré asidua. Espero sepa entenderme ;)

Aitor dijo...

Hola Amaia, gracias por venir.
Los festivales de jazz es lo que tienen, que siempre programan actuaciones 'cogidas por los pelos' como reclamo para el gran público. En Vitoria, recuerdo Paco de Lucía, Van Morrison, BB King, Jamie Cullum, Compay Segundo, Eric Clapton... Hay que entender que son inevitables: dan relumbrón mediático, venden entradas y permiten que la financiación no sea una sangría de dinero público. Y eso que en Vitoria han sabido conjugarlas con auténticas figuras del jazz que han mantenido la esencia.

LaCuentacuentos dijo...

Sí. Y siempre podemos recurrir a aquello de que "mejor así que nada". No he ido nunca a un festival de jazz, pero todo llegará. Soy nueva en este terreno musical. Sin embargo, soy asidua del festival Primavera Sound, en teoría es un festival música alternativa y/o independiente y bueno... a veces lo de "independiente" llega a ser tan subjetivo...
Mientras podamos disfrutar de buena música en directo, qué vivan las Norah Jones y lo que se tercie.
Estoy viendo las noticias en Cuatro. Qué te parece lo del Jueves? He leído mucho en varios blogs, aquí no has tratado el tema, nada qué decir?

El protestón dijo...

Yo fui a Vitoria desde Sevilla con mi mujer y otra pareja, y nos encantó. Norah Jones es de lo mejor que le ha pasado a la música popular en los últimos años. Claro está que cualquiera que la conozca sabe que no hace estrictamente jazz, ni country, ni pop, sino una mezcla que es suya. Algunas de las crónicas que incluyes parecen escritas antes del propio concierto, lo cual es muy típico de los críticos: hablar de sus ideas ya preconcebidas y no del artista en sí. Deep Purple ha ido un montón de años al festival de Jazz de Montreux y dudo que nadie los considere un grupo de jazz precisamente.

EL concierto fue exactamente lo esperado; suena fantástica, y la banda también. Afinada, suave, cálida. Querer compararla con Ella Fitzgerald o con Miles Davis es como ir a un concierto de Gary Moore y decir que prefieres a B. B. King. Creo, en fin, que es un cierre perfecto para un festival. L aúnica pega que puedo poner es que el concierto fue un poco corto, sólo una hora y media.

Un saludos.

Anónimo dijo...

Ya sabemos todos que Norah Jones no es una artista de jazz, en el estricto sentido de la palabra. Pero,¿quién lo es hoy en día? Los generos avanzan, se influencian de los grandes, cogen elementos unos de otros y toman un rumbo que no siempre es del agrado de todos.
Cuando comenzó el bebop, o el hard bop o cualquiera de los estilos de jazz de la última mitad de siglo, como el free jazz y demás, los puristas pusieron el grito en el cielo, porque eso no era "jazz tradicional". Ya lo dice el refrán, renovarse o morir.

P.D: ¿Cómo se puede acusar a una actuación de ser "demasiado perfecta"? Alguien debería decirle a ese "periodista" que dejase de beber en horas de trabajo.

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