viernes, agosto 11, 2006

Auster, Kafka y la muñeca (II)

Todos los lectores de Brooklyn Follies (la mayoría, al menos) nos hemos hecho la misma pregunta al leer la última novela publicada por Paul Auster en España: ¿Es cierta la historia de Kafka y la muñeca? La anécdota se narra a mitad del relato, cuando Nathan y su sobrino Tom viajan hacia el Norte. Kafka, en sus paseos junto a su compañera Dora Diamant por Berlín, se encuentra con una niña que llora desconsolada porque ha perdido su muñeca. Para consolarla, Kafka le dice que se ha ido de viaje. ¿Cómo lo sabes?, le replica. Porque te ha escrito una carta, responde Kafka. ¿La tienes ahí?, le pregunta la niña. No, pero mañana la traeré conmigo. Esa noche, Kafka escribió la carta con tanta dedicación como puso en su propia obra y a día siguiente se la leyó a la niña. Kafka escribe más cartas durante tres semanas, hasta que encuentra un final apropiado: la muñeca va a casarse, se despide de la niña, es feliz.
Hace ya unos meses que abordamos aquí el asunto y quedó aclarado que la historia es real, que realmente le ocurrió a Kafka y que ello quedó reflejado en el libro se titula 'Dora Diamant', escrito por Kathi Diamant (Ed. Circe).
Esta semana, el directivo del centro Kafka de Praga, Josef Cermak, ratifica la veracidad en el diario argentino La Nación.
Lo reproducimos:
El embajador argentino en la República Checa, Juan Eduardo Fleming, que viene realizando una extraordinaria labor, me hizo llegar un artículo de Tomás Eloy Martínez, aparecido en LA NACION el 28 de mayo de 2006, en el cual el escritor argentino cuenta su búsqueda de documentos e información confirmatoria de la historia de las cartas de la muñeca extraviada por una niña en Berlín, cuya autoría corresponde a Franz Kafka. La sugestiva historia de Kafka con la niña y la muñeca en el parque del barrio berlinés de Steglitz fue dada a conocer casi treinta años después de la muerte del escritor por Dora Dymant, que fue su compañera durante los últimos meses de su vida. Con el título de Notes inédites de Dora Dymant sur Kafka, la narración de Dora fue publicada por primera vez por Marthe Robert, traductora de Kafka, en 1952, en la revista parisiense Evidences (1952, Nº 28, págs. 38-42).
Por la verosimilitud de estos recuerdos, parece lógico pensar que la historia de las cartas de la muñeca que Kafka escribió a la niña tiene una base real, verídica, aun cuando algunos detalles secundarios podían estar un tanto desfigurados, quizás idealizados. Desde un principio, el mundo de la filología germánica estuvo convencido de la veracidad de la historia y de la existencia de las cartas del escritor a la niña, hasta el punto de que destacados especialistas en la obra de Kafka (Klaus Wagenbach entre ellos) realizaron esfuerzos por encontrar esas cartas. Suponían que los borradores podrían haber formado parte del legado de Kafka que fue confiscado por la Gestapo.
Hace pocos años, Mark Harman, profesor universitario en Estados Unidos y traductor al inglés de El castillo, manifestó gran interés por las cartas y por la historia que las rodea. Llegó a pasar varios meses en Berlín con la esperanza de encontrar por alguna feliz casualidad a aquella niña (que para entonces habría sido ya una anciana) y de recuperar, así, las cartas.
Con este fin se publicaron varios anuncios en la prensa. No hubo ningún resultado. La posibilidad de que las cartas lleguen a aparecer en el futuro es realmente mínima. La historia de la emotiva reacción de Kafka ante la tristeza de aquella niña berlinesa en los últimos meses de su vida permaneció durante años encerrada en las páginas de dos revistas no demasiado conocidas.
Su difusión entre un público más amplio llegó en 2003 con la publicación de Kafka’s last love, de la escritora norteamericana Käthi Diamant (no es pariente de Dora; se trata sólo de una coincidencia en el apellido). En esta biografía divulgativa de Dora, la autora publicó (eso sí, sin una selección crítica) una gran cantidad de material histórico que fue recogiendo durante años en los lugares donde había vivido Dora. En el libro encontramos incluso una copia de la narración de Dora recogida en el artículo de Marthe Robert. Con toda probabilidad fue en este libro donde el escritor norteamericano Paul Auster encontró la historia, que utilizó después en su obra The Brooklyn Follies.
En el encuentro entre Tomás Eloy Martínez y Paul Auster en la Universidad de Rutgers, lo más extraño es que éste no le dijera al escritor argentino de dónde había sacado la historia, pues en su novela cita casi literalmente partes del texto publicado. En realidad, se trata de una cuestión conocida ya desde hace medio siglo y, además, difundida en los Estados Unidos.
Ya se sabe de la pasión descubridora de los escritores: los checos decimos en estos casos que se descubre América por segunda vez.

2 comentarios:

sfer dijo...

Una de las últimas novelas de Jordi Sierra i Fabra (con este hombre, basta con que digas "la última" para que ya haya sacado otra) también está basada en la historia de Kafka y la muñeca. El libro se titula "Kafka y la muñeca viajera" y lo ha publicado Siruela.

Yosu Rc! dijo...

Acabo de leer ese capítulo y dejé el libro para venir a comprobar si es cierto.
Me ha parecido una anécdota genial.

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